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Nuestro Petróleo es la música

19 May

El Mundo Sábado 21 de Septiembre de 2002

Magazine

“Nuestro petróleo es la música

TALENTOS Venezuela no es solamente barriles de crudo, misses y peloteros. Más de 250 muchachos afrontan a diario exigencias y dificultades para exaltar el tricolor en países que jamás soñaron conocer. Son el tesoro musical de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar que hace 28 años fundó el maestro José Antonio Abreu. Los escenarios de Alemania y Austria esperan por ellos

Elizabeth Araujo

HERENCIA Para Dudamel sus aptitudes musicales vienen de su papá y también de su tierra natal: Lara

Subir cada noche la interminable carretera que lleva al sector La Isla es una peligrosa aventura de la que no están exentos los apagones, la espera angustiante de la camionetica, atracos o un tiroteo entre bandas rivales.

Aún así, Wilfrido arriesga sus 18 años en el regreso a casa, cargando en sus manos el pequeño maletín que protege la razón de su vida: la trompeta.

Al igual que muchos de los vecinos de los barrios casi desconocidos de La Vega, este joven moreno, delgado y taciturno acorta las horas de pasividad frente al televisor para forjar, con tenacidad y sin lamentos, un futuro que a otros quizás el destino se los hace más fácil. Como no se amilana ante los obstáculos, Wilfrido Galarraga es uno más de los 250 jóvenes con que cuenta la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, un talento colectivo cuyo valor debería ser conservado en las bóvedas impenetrables del Banco Central.

¿Qué hace de esta agrupación musical el mayor capital artístico de una nación que a ratos da la impresión está por derrumbarse? La respuesta apunta a la idea que rondó durante años en la imaginación del director José Antonio Abreu y tuvo final feliz en abril de 1975 con el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Fue así como Venezuela aprendió a medir también su petróleo en fugas, fusas y corcheas, al punto que hoy miles de niños y adolescentes de todo el territorio conforman la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, muchachos con potencial artístico que cumplen sus sueños de realización personal y profesional.

A esta proeza en otras naciones lo denominan el “milagro musical” de Venezuela. Basado en el modelo desarrollado en nuestro país, la Unesco resolvió consolidar el Sistema Mundial de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles.

Bach en la escalinata

“Uno llega a esto por curiosidad pero también por vocación”, explica Gustavo Dudamel, director titular de la “Simón Bolívar”, quien a los 13 años sorteó una inédita experiencia: dirigir una orquesta.

Lo hizo con resultados tan sorprendentes que el maestro Abreu decidió ponerlo al frente de la agrupación nacional y, por ende, encargado de cosechar aplausos en países donde el público se levanta emocionado de sus asientos.

El caso de este violinista, con apenas 21 años, no deja de asombrar. “Desde niño me ponía a dirigir el equipo de sonido de la casa, e imitaba con un palito a los directores”. Pero ya a los 12 años era concertino de la orquesta infantil de Barquisimeto, e incluso director titular de la orquesta de cámara. Su destino está unido al papá, también músico profesional, y al hecho de haber nacido en la región musical de Venezuela: el estado Lara.

Como él, diversas historias personales, en las que se mezclan pobreza, sensibilidad y voluntad, llenan el álbum de logros individuales de niñas y niños que jamás sospecharon que poseían talento artístico y hoy conviven en esta institución cuya consigna, tocar y luchar, es la respuesta a las insatisfacciones que afectan a casi 40% de la población, ubicada en la franja de la pobreza.

WILFRIDO GALARRAGA
Trompeta en La Isla

 

Ejemplo vivo de la obra social de Fe y Alegría, Wilfrido Galarraga, alumno de 4º grado, entró a la coral del colegio y fue premiado con un cupo en el conservatorio de música de Montalbán.

“Tenía 12 años y entré a la orquesta preinfantil. Me preguntaron qué instrumento quería y elegí la trompeta.

Luego pasé a la Bach, a la Mozart, y así de nivel a nivel. Hice una audición y quedé en la Orquesta Infantil de Venezuela, y este año pasé al conservatorio de música Simón Bolívar”. Wilfrido estudiará Educación en la Ucab, gracias a una beca otorgada por la universidad y la orquesta.

Vive en el sector La Isla, La Vega, una vivienda que comparte con sus padres, cinco hermanos y dos sobrinos. Cada mañana rompe el silencio vecinal con sus ensayos.

¿Cómo alguien que vive en un barrio, donde lo que se oye es salsa, llega a la música clásica? Fue un gran cambio. Uno se cría oyendo salsa. En mi casa, por ejemplo, se oye changa, merengue, música criolla, y yo debo ensayar piezas clásicas. Y hay quienes no se explican cómo ando con una trompeta y ni siquiera ensayo una nota de salsa. Pero esta es mi vida.

¿Qué has aprendido en la orquesta? Además de teoría musical y saber más sobre compositores, he aprendido aquí a valorarme como ser humano, y a despojarme de esa mentalidad de que no se puede salir adelante porque vives en un barrio. Yo veo a muchas personas en el barrio con talento, a quienes les hace falta ayuda o el apoyo de los padres, alguien que les diga: “no hagas esto…

eso es malo”, pero que deben superarse.

Por encima de todo, hay que buscar la superación.

¿Ha sido un cambio muy grande? Claro. Imagínate, cuando yo estaba en clases de educación artística, y veía las imágenes del Coliseo romano, cerraba los ojos e imaginaba cómo sería estar ahí.

Resulta que la orquesta fue invitada a Italia y visitamos el Coliseo.

JOANMARY MONTES
Bach que estás en los cielos

 

A su edad, Joanmary Montes conoce ya los retos pero también el éxito. Este año saldrá de bachillerato y se apresta para compartir sus días entre el estudio y su violonchello. Hija única y agradecida de unos padres que le apoyan en su carrera musical, esta quinceañera, que habita en La Pastora, no lamenta haber dejado el ballet para incorporarse a la OSJ. “En realidad, yo había oído poco de música clásica, pero no dejaba de sentir curiosidad; ahora, que empecé a estudiarla y a trabajarla, es mi base fundamental”. Ella no se siente especial por el hecho de pertenecer a la orquesta y, como todo adolescente, tiene amigos, oye a Limp Bizkit y lee a Paulo Coelo.

¿Te sientes diferente a tus amigos? No. Ellos tal vez sienten curiosidad, quizá porque muy poca gente estudia música; pero no creo que sea algo del otro mundo. Otros están en deportes o estudian canto. Aunque hay quienes me preguntan muchas cosas como qué es eso de música clásica o qué sonido hace tu instrumento. Pero ya no es algo fuera de lo común para mis amigos ni mis vecinos.

¿Qué es lo que más te gusta tocar? ¿Tienes alguna preferencia? Sí, me gusta mucho Bach. Pienso que la música de Bach es algo muy celestial. Yo leí algo en un libro de que la obra de Bach es como la música de Dios, como si se tocara con la mano de Dios. Es muy sencilla pero tiene mucho amor que dar. Así lo siento yo.

¿Ha sido mucho sacrificio estar donde estás? Para mí no es un sacrificio, porque si a uno le gusta, pasa a ser un placer. Ahora, como sacrificio económico, sí.

 

CRISTHIAN MACHADO
Mi novia es una tuba

 

Con 18 años, Cristhian Machado dice haber conocido lo maravilloso.

Delgado, vivaz, muy expresivo, este ejecutante “de vocación” entró al reino del sonido casi como un acto de rebeldía familiar: “No es que no creían en mí, sino que todos en casa son deportistas; incluso tengo una prima que es gimnasta profesional. De manera que cuando a los ocho años yo expresé mi inclinación por la música fue como algo diferente. La única que creyó en mí fue mamá a quien le gusta cantar”. Cristhian ingresó a la escuela de música y aprendió canto.

De allí pasó a la escuela de música en La Rinconada, aprendió teoría y solfeo, y luego aprendió a tocar saxofón. Como no había profesor se cambió a percusión y más tarde al trombón, hasta que el director dijo: “A esta pieza le hace falta una tuba”. Y entonces me impusieron la tuba, y yo me aterré porque es un instrumento pesado, su sonido son bajos y no tiene solos… Ahora es mi novia, y estoy con ella todo el tiempo”.

¿Qué hay de maravilloso en la música? La música es algo sublime. No sabría explicarlo. Lo que pasa es que aquí a la música no le dan tanta importancia, e independientemente de que esto sea muy bello, a veces la realidad es muy fuerte. En mi caso, yo vivo en El Valle, y tu sabes que la gente no tienen iguales oportunidades. Nunca se imaginaban que yo viajaba, que tocaba en esa orquesta. Un día me preguntan ¿qué haces tú? Y yo para echármela, les dije: prendan el televisor el canal tal y véanme.

Ahora me llaman “El Musiquito”. Pero hay quien me dice que eso de la música es para vagos, que no da dinero, y yo les respondo que me hace feliz ¿Qué más puedo pedir?

 
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Posted by on May 19, 2005 in Música, Venezolanisimos

 

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