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Severo Ochoa el Nobel asturiano

23 May

M A G A Z I N E  Domingo, 22 de mayo  295

Severo Ochoa, el centenario de un genio que obtuvo el Premio Nobel

Se cumple un siglo del nacimiento del científico español más universal gracias a sus descubrimientos en fisiología y biología molecular. En la década de los 50, y mucho antes de que la ciencia rastreara el genoma humano, certificó la estrecha relación del ADN y las proteínas.

Fue el segundo científico, tras Ramón y Cajal, en ser reconocido con un premio Nobel. Sus investigaciones y descubrimientos sobre la síntesis del ácido ribonucleico facilitaron notablemente el camino para el desciframiento de nuestro código genético. Trabajador incansable, mantuvo su actividad febril hasta el final de sus días, a pesar de la tristeza sufrida por la desaparición de su querida esposa.

Nacido en Luarca (Asturias) el 24 de septiembre de ?905, era el pequeño de siete hermanos. Sus padres, Severo y Carmen, formaban una acomodada familia de la burguesía asturiana. No obstante, cuando Severo tenía 7 años de edad, su tranquila vida quedó sumamente alterada con el fallecimiento del progenitor y una bronquitis crónica de su frágil madre, motivo por el cual los Ochoa se trasladaron a Málaga buscando climas más benignos.

Es en la ciudad malacitana donde Severo cursará sus estudios de bachillerato entre ?9?5 y ?92?. En ese tiempo, Eduardo García Rodeja, un magnífico profesor de química, inculcará al joven una auténtica pasión por las ciencias naturales y, con esa vocación despierta, viajará a Madrid dispuesto a ingresar en la universidad San Carlos con la intención de ser investigador médico. Son años en los que se impregna de las mejores esencias culturales de aquella época gracias a su estancia en la famosa Residencia de Estudiantes, donde conoce a Federico García Lorca, Salvador Dalí o Luis Buñuel, mientras reciben las visitas magistrales de científicos como Albert Einstein, Madame Curie o Santiago Ramón y Cajal.

En esta etapa recibió la tutela del eminente catedrático de fisiología Juan Negrín, hombre clave en la vida de Ochoa y futuro presidente de la II República. En 1928 viajó a Berlín, donde colaboró con el premio Nobel Otto Meyerhoff, quien se convirtió en un maestro fundamental. Un año más tarde se doctoró en España regresando al país germano para trabajar con su mentor en estudios sobre los músculos humanos y su capacidad para obtener energía.

En ?93? se casó con Carmen García Cobián, el único y gran amor de su existencia, con la que compartió sueños, emociones, desilusiones… En ese mismo año fue elegido ayudante principal del doctor Negrín, quien le promocionó gracias a una beca en Reino Unido, donde destacará gracias a sus investigaciones sobre enzimología junto al doctor Harold H. Dudley.

En ?935 aceptó la dirección del departamento de Fisiología en el Instituto de Investigaciones Médicas fundado por el profesor Jiménez Díaz. Empero, el estallido de la Guerra Civil Española provocó que el matrimonio Ochoa se viera forzado a iniciar un peregrinaje geográfico por Alemania, Reino Unido y, finalmente, Estados Unidos , donde se refugiaban decenas de investigadores europeos debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Es en Norteamérica donde el asturiano alcanzará su verdadera dimensión universal, debido a su incesante trabajo en las universidades de San Luis y Nueva York, centros académicos en los que ostentará diferentes cargos en departamentos consagrados a las investigaciones bioquímicas.

En ?945 los Ochoa obtienen la nacionalidad norteamericana y se entregan con entusiasmo a las nuevas tesis sobre biología molecular. Años más tarde, el científico español en colaboración con la franco-rusa Marianne Grunberg-Manago anunciará el aislamiento de una enzima del colibacilo llamada polinucleótido-fosforisala, demostrando que catalizaba la síntesis de ARN (ácido ribonucleico). Con este hallazgo se certificaba la íntima relación entre nuestro ADN y las proteínas. Era un paso indispensable para desencriptar los mensajes ocultos del código genético humano. Las averiguaciones de lo que luego se llamó ARN-polimerasa abrieron el camino para que Severo Ochoa obtuviera, en ?959, el premio Nobel de Fisiología y Medicina, galardón que compartió con su discípulo Arthur Kornberg, quien demostró que el ADN se sintetizaba igualmente con polimerasa. El prestigio de Severo Ochoa se disparó internacionalmente: recibió el doctorado honoris causa en varias universidades del planeta. En ?985 regresó definitivamente a España para presidir la fundación Jiménez Díaz e ingresar en la Real Academia de Medicina.

Tres años más tarde fallecía Carmen, la mujer que había dado sentido a su intimidad personal constituyendo el sostén moral ante su agotadora vida laboral. Este hecho le dejó sumido en una profunda depresión que ya no pudo superar. Severo Ochoa murió en Madrid el ? de noviembre de ?993. Hoy, ?00 años después de su nacimiento, su legado científico es incuestionable y una miriada de discípulos mantiene muy vivas las enseñanzas de este inmenso representante de la ciencia española más genuina.

 
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Posted by on May 23, 2005 in Asturiania

 

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