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Frescura de Los Andes en Maracaibo

10 Sep

 

 “¡Metan más a las bolsas, todo está en mil bolívares. Váyanse contentos a su casa. No tenga miedo y agarre lo que pueda, que ya nos vamos!”, dice el dueño del local.

 

Desde hace unos ochos años, campesinos, comerciantes y cooperativistas de Mérida, Trujillo y Táchira viajan cada fin de semana a Maracaibo y la Costa Oriental del Lago para ofrecer el producto de sus huertos. Los precios de las frutas y verduras son comercializados entre 850 y 1.900 bolívares el kilo. “Ver las hortalizas da la sensación de salud”, aseguró Rosana López, ama de casa que compra en San Jacinto.
“Vendemos barato a un solo precio”, afirmó Gustavo Cano, trujillano, miembro de la Cooperativa La Montaña.
Texto: Deivis Rodríguez
Todos los jueves en la tarde, y desde hace ocho años, una improvisada estructura se levanta en un terreno abandonado de la urbanización San Jacinto. Lo que antes estaba vacío se ve invadido, en instantes, por 14 mesones, ocho mesas, decenas sacos de nailon y cajas de madera. Ya a las 7:00 am, las personas se aglomeran en la entrada del recinto para adquirir las frutas, verduras y hortalizas con olor andino.
En menos de tres horas 11 hombres, cuatro andinos y siete marabinos, se dan a la maratónica tarea de descargar cinco camiones de hortalizas, provenientes de Trujillo. Todos acomodan con suma prontitud las legumbres que, en breves instantes, los clientes se llevarán a sus hogares.
“La única regla aquí es que los mismos compradores traigan sus bolsas para meter las verduras y frutas. En particular, nosotros vendemos por kilo, es decir, todo lo que el cliente agarre se pesa y cobra en precios que oscilan entre los 850 y 1.900 bolívares. Durante los días de venta más de 2.000 personas visitan el negocio”, añadió Gustavo Cano, trujillano miembro de la Cooperativa La Montaña, encargada de comercializar los rubros agrícolas en Maracaibo.
Como un bazar, las personas se amontonan en cada uno de los mesones de madera y hierro. La vista de María Mora, de 85 años, se pierde entre 25 hortalizas, entre las que destacan las zanahorias, tomates, pimentones, remolachas, apios y pepinos del lugar. A pesar de su edad, ella se adelanta a todos los asistentes para tomar los mejores vegetales del lugar.
“Agarro cuanto pueda meter en mi saco de fique. Todo lo que se vende tiene ese característico olor a campo, tierra, y vida. Por eso prefiero venir para acá, porque lo que se vende es fresco. Casi siempre lo que compro me sale en 10.000 bolívares, esas provisiones me bastan para los siete días de la semana”, opinó Mora.
Siembra
Cada martes, Gustavo y sus compañeros, visitan sus cosechas para seleccionar las verduras que trasladarán a Maracaibo. “Eso es un proceso duro porque tenemos que escoger lo mejor que está sembrado en la tierra. En los dos días siguientes empacamos la mercancía y la montamos en los camiones, otros productos del campo se los compramos a varias familias agricultoras de la zona”, aseguró Cano.
Según el cooperativista, cada familia se encarga de cuidar los huertos y granjas. “Todo se produce en lugares muy fríos, específicamente en los pueblos aledaños a Jajó. Lo característico de esos grupos es que todos trabajan, desde el más chico hasta los abuelos. Mientras unos colocan las semillas, otros las riegan, algunos extraen los frutos del suelo y, al final, las amas de casa les quitan las raíces”.
Luego de siete horas de viaje, los jueves en la tarde, los andinos arriban a la ciudad marabina. A su llegada los esperan algunos trabajadores de la zona, para armar el minicentro comercial.
“Allí es cuando empezamos a poner cada cosa en su lugar. Los muchachos arman los mesones, ponen los pesos y limpian el terreno. Ya en el día, la mayoría trabaja cambiando la mercancía que se agota y atendiendo a los clientes”, dijo el vendedor, Roberto Gómez.
Cordialidad
Entre el bullicio de un radio a todo volumen y la conversación de los clientes, cada cierto tiempo Cano toma un micrófono para anunciar la rebaja de los productos.
“¡Metan más a las bolsas, todo está en mil bolívares. Váyanse contentos a su casa. No tenga miedo y agarre lo que pueda, que ya nos vamos!”, dice el dueño del local.
Al unísono, los compradores se apresuran a tomar lo que puedan. “Lo que más me gusta es el color de las verduras, ya que se aprecian muy llamativas. Verlas da la sensación a salud y frescura, es algo que no se observa en otros lados”, dijo Rosana López, ama de casa.
Rocío Cordero, de 31 años, aseguró que el sistema de autoservicio es lo que más le agrada. “Aquí escojo a mi preferencia y todo tiene un precio único. El trato de los vendedores es respetuoso”, apuntó.
Para Cano, el secreto y la prosperidad del negocio se encuentra en una sola fórmula. “Lo que buscamos es brindarle comodidad y honradez a las personas. Somos personas muy trabajadoras que así nos ganamos la vida, llevando productos del campo a las casas marabinas”.
Después de 48 horas de continua labor, cinco camiones dejan atrás un terreno vacío. El bullicio, las conversaciones de la gente, los pesos, hortalizas, verduras y frutas nuevamente se encontrarán en San Jacinto, el próximo quinto día de la semana.

 
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Posted by on September 10, 2005 in Lugares añorados

 

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