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Valentina Quintero: El doble placer de viajar y comer

30 Sep

El Mundo Sábado 22 de Septiembre de 2001

Viajar y comer son dos placeres que van de la mano. Así lo confirma la periodista Valentina Quintero, conductora del programa Bitácora y promotora del turismo nacional. Para ella, cada paseo por la geografía venezolana constituye un deleite gastronómico, y en esta ocasión comparte con los lectores de El Mundo la receta de una de sus debilidades: pasta con caviar.

 

VIVIR

El Personaje y su receta
Valentina Quintero

VIAJERA  Nació en Caracas. Estudió en el Colegio San José de Tarbes. En 1997 se graduó en Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello, mención audiovisual. Se fue a Boston donde, en la Boston University, obtuvo el título de magister en Tecnología Educativa. Desde 1986 escribe el Manual de Ociosidades; desde hace años trabaja en radio, también en televisión donde desde 1994 mantiene su programa "Bitácora", que ganó el Premio Nacional de Periodismo (1997) y el Monseñor Pellín (1996). Desde 1996 edita con rotundo éxito "La Guía de Valentina Quintero"

Esperanza Márquez 

 
CÉSAR PALACIOS


No parece que pudiera caber tanta energía, voluntad, iniciativa, carcajadas y entusiasmo en el cuerpo menudo de Valentina Quintero, una mujer que se declara "militante de la felicidad", quizá porque desde antes de nacer, sus padres, Tony Quintero y Ana Carlota Montiel de Quintero, se morían porque ella naciera, como lo dice Valentina en su currículo, muy particular, a la manera de Valentina.

Es una entusiasta de su país, al que conoce de palmo a palmo por todos los viajes que le asigna su programa "Bitácora". Ese entusiasmo se le desborda cuando le preguntamos si le gusta comer.

"Me encanta comer, me gusta comer bien y probar cosas nuevas. Además me llevo todas las sorpresas en Venezuela".

Viajar y comer

"En Santa Bárbara del Zulia comí Armadillo, un pescado horrendo, negro, con bigotes, con una piel dura. Lo abren, lo asan, le ponen como con una salsita y la carne cruda es color guayaba, pero cuando lo asan se pone clarita. Una exquisitez.

"En San Juan de Dios, en Colón, preparan Moñongo, que es un tequeño al que se le pone carne esmechada, queso y plátano, y tiene una versión que es con pollo y otra con chuleta ahumada".

Todo lo cuenta atropelladamente como si el tiempo no le fuera a alcanzar para trasmitirnos los sabores, olores y texturas que ha ido atesorando en sus viajes por el país.

Valentina disfruta de los placeres de la vida, pero que en cuanto a la cocina tiene su propio criterio: "De cocina no sé nada, no me interesa, porque todo lo que se demore me desespera. Lo he intentado porque sé que puede ser una cosa muy relajante, que es una ofrenda, que cuando de verdad quieres a alguien preparas una comida. Cuando preparo algo lo hago por Scannone.

"Hay una receta de Scannone, la Chalupa, que es complicadísima y que después que uno ralla todo hay que pasarlo por un colador de alambre. Le escribí a Armando y le dije que eso que quedó en el colador, lo licué e hice otra salsa y le agregué otro pollo… Armando se rió y me dijo que eso era la alquimia de la cocina.

"Pero cuando he hecho esa chalupa, que la he hecho como tres veces en mi vida, quedo exhausta.

Entonces pienso qué necesidad tengo yo de hacer una cosa tan aparatosa y tan complicada".

Le pregunto a Valentina cómo ha hecho las veces que se ha casado, porque como ella misma expresa en ese particular currículo: "Me he divorciado varias veces, como toda mujer que se precie, y cada hora que pasa estoy menos clara sobre ese dilema de la ‘relación de pareja’, pero procuro que no me mortifique.

"La primera vez que me casé, cocinaba, porque quería cocinar.

Preparaba cosas sencillas, pero por recetas. Una vez resolví hacer un pabellón: puse las caraotas en la olla de presión, pero también puse la carne.

Cuando las caraotas estuvieron listas, saqué la carne que por supuesto estaba negra. Entonces lavé la carne y la esmeché y le hice una salsa y pensé que ese pabellón me había quedado estupendo.

Un día yo lo conté en casa de mi mamá y quedó horrorizada porque cómo se me había ocurrido poner la carne junto con las caraotas, y luego mi hermana Inés inventó que yo también había echado el arroz en la olla de presión, pero eso es completamente falso".

Para una mujer que no le gusta cocinar, el vivir 10 años con un hombre que sí le gusta y que además tiene tiempo para hacerlo, es una bendición del cielo. Esto fue lo que le pasó a Valentina Quintero cuando vivió con el dramaturgo Rodolfo Santana: "Rodolfo era el amo de casa porque estaba en la casa escribiendo y yo en la calle haciendo mi trabajo. Rodolfo disponía lo que se iba a comer, hacía mercado, cocinaba, se entendía con las mujeres de servicio y yo llegaba a mi casa como llegan los varones: a comer y a salir otra vez.

"Yo cocino cuando estoy enamorada.

Había un plato que yo sabía preparar muy bien y que me quedaba regio, la polenta.

Un día, enamorada de Rodolfo, resolví hacerle mi polenta mundial.

Le dije que se la había preparado y él me dijo que si quería que me llevara comida china o árabe, hasta que se sinceró conmigo y me dijo que el odiaba la polenta. Bueno, aquello bastó y sobró para que yo más nunca la hiciera, me traumaticé, quedó como un estigma que nunca en mi vida preparé polenta".

Su gusto por la comida, por comer bien y sabroso le viene a nuestro personaje de hoy por pertenecer a una familia donde la comida era una de las formas más importantes de relacionarse entre ellos.

"En mi casa la hora de la comida era sagrada, era la hora de la cordialidad, no se podía pelear, nadie se podía parar, nadie podía atender el teléfono, todo el mundo tenía que sentarse a la mesa: mi papá, mi mamá y nosotros cinco. Es una familia en donde todos los eventos tienen que ver con la comida. A tal punto que teníamos una casa en Chichiriviche de la costa y si íbamos un fin de semana lo primero que se hacía era el menú, entonces, sabiendo qué íbamos a comer, se hacía el mercado y todo el mundo opinaba sobre ese menú".

Valentina, ¿cómo era un almuerzo de todos los días en tu casa?

"En mi casa se comía primero frutas, después sopa, después la comida y el postre. Nunca faltaba un postre porque a mi mamá le gustaba mucho hacerlos y hubo una época en que nosotros aprendimos a hacer esos postres para venderlos, mis hermanas Susana e Inés y yo, pero la que se quedó con la tradición fue Susana que todavía en Maracay los hace y los vende".

Por todo ese aprendizaje que tuvo Valentina Quintero en su familia, hoy en día en su casa, que son solamente ella y su hija Arianna, tienen que comer en una mesa perfecta, con lindos manteles, odia que le pongan un vaso que no es, un plato que no combine, todo tiene que estar servido bonito, grato. Le encanta invitar a almorzar a sus amigos y le encanta comer en restaurantes por toda la ceremonia que conlleva: el menú, el vino, las velas, el chef recitándole los platos.

Valentina Quintero, una mujer que no hay nada que quisiera hacer con su vida que no fuera exactamente lo que está haciendo y como lo poco que cocina lo hace por los libros de Don Armando Scannone, su receta de hoy será la Pasta con Caviar con la que se consienten ella y su hija Arianna.

LA RECETA

Pasta con caviar

Ingredientes:

12 tazas de agua y 3 cucharaditas de sal para cocinar la pasta; 1 cucharada de aceite; 4 cucharadas de mantequilla;

  • cebolla grande picadita; 1/16 de cucharadita de pimienta blanca, molida; 1/3 taza de vino blanco, seco; 250 g. de pasta (espaguetis, cinticas, etc.); 1/3 de crema gruesa, para batir; 50 g de caviar.

    Preparación:

  • 1. Se pone al fuego una olla con el agua y la sal para cocinar la pasta. Se lleva a un hervor.

  • 2. En una sartén se ponen el aceite y la mantequilla a calentar. Se agregan la cebolla picadita y la pimienta y se cocina hasta que comience a dorar, unos 6 minutos.

  • 3. Se agrega el vino, se lleva un hervor y se cocina 2 minutos. Se retira del fuego y se pone aparte.

  • 4. Se agrega la pasta a la olla con el agua hirviendo. Se lleva nuevamente a un hervor y se cocina hasta estar "al dente".

  • 5. Se retira del fuego, se cuela y se vuelve la pasta a la olla a fuego muy suave. Se agrega el contenido de la sartén. Se revuelve.

    Se le revuelve la crema y por último se le revuelve cuidadosamente el caviar, preferiblemente en muy frío, para servir de inmediato.

  •  
     

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