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Aquiles Báez entre el sancocho y el sushi

11 Oct
El Mundo Sábado 17 de Febrero de 2001

VIVIR

El Personaje de la semana y su receta
Aquiles Báez

DEDOS VIRTUOSOS  Es uno de los jóvenes guitarristas populares más talentosos de Venezuela. Compositor de bellas canciones y de música para teatro, danza y cine por lo que ha recibido Premios Municipales y el Premio Nacional del Artista de Venezuela, como mejor arreglista, además, del William Leavitt Award que otorga el Berklee College of Music

Esperanza Márquez 

 
ANDREÍNA MUJICA
TALENTO Báez enfrenta grandes retos en su carrera musical


En este momento estoy en el dilema de qué será más fácil: hablar o expresarse de una persona que conocemos y queremos, o de un desconocido. Seguramente que todos me dirán que es más fácil hacerlo de alguien a quien conocemos, pero en ese caso nuestro discurso estará guiado por los sentimientos y los afectos. Estoy segura que éste será mi caso hoy.

Hijo de Ana María Reyes, trabajadora incansable y de las principales promotoras triunfantes y responsables de que la Unesco declarara al casco histórico de Coro, Patrimonio de la Humanidad.

A Aquiles Báez lo conozco casi "desde que estaba chiquito".

Comenzó como mi guitarrista acompañante cuando apenas tenía 19 años de edad. Empezaba en el mundo de la música y se me convirtió en una caja de sorpresas cuando empecé a descubrir su gran talento. No me equivoqué, el tiempo me dio la razón y hoy en día Aquiles Báez es un profesional de la guitarra que ha estudiado con maestros como Leo Brouwer, Alfonzo Montes, Luis Zea, Mick Goodrick, George Russel, Ran Blake, entre otros. Posee 5 discos propios y ha tenido participaciones en grabaciones y conciertos con músicos de la categoría de Danilo Pérez, Paquito de Rivera, John Patitucci, Oscar Stagnaro, Dave Samuels, Luciana Souza, Fareed Haque, Claudio Ragazzi, Romero Lubambo, Ensamble Gurrufío, Orquesta La Pasión y Solo Razaf, entre otros y, aunque no lo diga en el currículo que me envió, fue el guitarrista acompañante de lo que estoy orgullosísimade quien esto escribe por un período de casi 15 años. Actualmente es profesor de Guitarra en Berklee College of Music, en la ciudad de Boston, desde donde continúa desarrollando su carrera internacional.

Ciberentrevista

La maravilla del correo electrónico hace posible esta conversación con Aquiles Báez, que en este momento se encuentra en Boston, pero que a partir del mes de marzo estará residenciado en la ciudad de Nueva York, donde se enfrentará a uno de los retos más importantes de su carrera musical, pues tendrá que desafiar a jungla repleta de fieros músicos y donde la competencia hará, estoy segura, triunfar porque sólo se triunfa con el talento, la pasión y el deseo de superación, que a Aquiles le sobran.

Con él no nos fue difícil entrar de lleno en la parte gastronómica, y aferrado a sus recuerdos infantiles, nos dice: "Cuando estaba pequeño mi abuela nos hacía unos ‘toletes’ inmensos de Nestum, Cerelac y Nenerina, porque los pobres niñitos estábamos desganados.

Después vino la tradición del escabeche de pescado que es algo típico de la Vela de Coro, me acuerdo que mi abuela siempre le echaba nuez moscada al escabeche y a casi todo le ponía ese aliño".

"Mi mamá también, todavía, hace una de las tortas negras de Navidad más deliciosas que he comido. Mi abuela, en cambio y en materia de postres, hacía una torta de pan impresionante, y cada vez que veo o como una torta de pan me acuerdo de ella. Definitivamente, en este sentido, hay sensaciones de los platos que se preparan en el núcleo familiar que te dejan marcados de por vida".

Entre el sancocho y el sushi

Le pregunto a Aquiles si me puede hacer una comparación entre la música y la comida, y me responde haciendo gala de ese humor tan particular que invariablemente lo ha caracterizado y que entre sus amigos es famoso. Muchas veces, en reuniones donde Aquiles no está, alguien echa un cuento con ciertas características de humor e invariablemente hay quien dice: "parece un chiste de Aquiles".

"Las dos son sensaciones que responden a estímulos y a estados de ánimo, por ejemplo, yo cuando me quiero despechar siempre me provoca oír boleros y caerme a sancocho de gallina. En cambio, cuando estoy enamorado me provoca un sushi y oír música clásica.

Lo que sí es que un buen cocinero es como un buen compositor, tiene que ser arriesgado y probar muchas cosas antes de llegar a un resultado".

Estudio y variedad

Este talentoso guitarrista que debe llenarnos de orgullo a todos los venezolanos tiene una receta, que comparte con nosotros, para llegar a ser un buen músico: "La receta es estudiar mucho, oír y vincularse con muchos estilos diferentes de música y dejar que la misma sea la que se adentre y que cuando salga sea por una respuesta orgánica y una necesidad de expresar una sensación, es internalizar el silencio y comprender el sentido de los sonidos".

Llegando ya al final de nuestra conversación a través del ciberespacio, Aquiles le recomienda a las nuevas generaciones, a los más jóvenes, a los que comienzan la carrera musical, una de las más difíciles, porque no se puede considerar una carrera sino una forma de vida que marca y determina cualquiera de nuestros comportamientos y que hace que afloren los sentimientos y la sensibilidad de manera diferente al "común de los mortales": "Que disfruten de lo bueno, se preparen para andar un poco por la ‘mala vida’ y que lleguen a viejos con la sabiduría necesaria para aconsejar a los que vienen detrás".

No nos podía dejar Aquiles Báez sin una receta de su querida tierra natal, La Vela de Coro.

LA RECETA

Mote de Auyama

"Para esto se pone a sancochar la auyama hasta que se vuelva compota. Después que está en ese estado, se le quita la concha ( por supuesto). La referencia es, como por una olla para cuatro personas, se usa una auyama de unos 2 kilos. A esto se le echan alrededor de dos tazas de leche, se le hace un sofrito de cebolla, pimentón, un poquitico de nuez moscada con adobo para que sepa a algo, se le pone el sofrito a la auyama hecha papilla y se le agrega un poco más de leche, con lo que se convierte en una especie de crema bien espesa. Después se le coloca queso blanco duro rallado, al gusto, y se espera que la crema hierva.

Después se come y uno queda más pesado que un ‘collar de bolas criollas’, pero es riquísimo. Este plato se hace por tradición en mi familia (creo que debe ser por eso que somos todos bien llenitos) y al parecer este plato es un plato indígena, típico de Coro".

 

http://www.elmundo.com.ve/ediciones/2001/02/17/p1-14s1.htm

 

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