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Caracas otro cumpleaños sin fiesta

29 Jul

La cumpleañera
Esperanza Márquez 

Mis primeros años, como ya saben, los pasé en el interior del país, en Anaco, estado Anzoátegui. Luego nos vinimos a Caracas y comencé a conocer y amar a esta ciudad, que esta semana estuvo de cumpleaños. No me voy a meter en la discusión de si el 25 de julio es o no la fecha aniversaria de nuestra urbe. Creo que Caracas necesita cosas mucho más importantes que una discusión inútil sobre su fundación, después de 439 años.

Los que hemos vivido casi toda nuestra vida en esta capital la amamos por lo que se ama, porque sí, porque es Caracas.

  • Otros tiemposDefinitivamente, Caracas ha vivido diversos momentos, épocas que recordamos con cariño, con agradecimiento, con gratitud. Mi época del colegio Nuestra Señora de Guadalupe, situado exactamente entre la Calle Real de Sabana Grande y la Avenida Casanova, donde en el “Bar” del colegio comíamos las famosas quesadillas del Pan 900 y que muchas veces, sólo por gula, salíamos de clases y nos enfilábamos a esa panadería a comernos otra quesadilla y comprar para llevar para la casa. Pero nadie nos tenía que decir que tuviéramos cuidado, que nos quitáramos las prenditas, que escondiéramos los portamonedas.Era otra Caracas, otra Sabana Grande, otro país.
  • Qué pasóTodos los días nos preguntamos qué le pasó a esta ciudad, por qué hay sitios que ya no reconocemos, por qué hay lugares vedados, cercados por unas especies de mercados persas, donde no sabemos si vamos a comprar algo o a que nos quiten la vida.Cualquier ciudad del mundo la visitamos hoy y luego volvemos a los pocos años y vemos los progresos que ha tenido, cómo están cuidados sus parques, cómo el tráfico ha mejorado. Bogotá, por ejemplo, es una ciudad que nos produce una sana envidia, nos da celos verla tan bella, tan cuidada, tan atendida, tan asistida, tan amable. Y la única razón es porque desde hace unos años decidieron tratarla con cariño para que devolviera ese amor a los bogotanos y a los que la visitamos.

Una enfermedad Hace unos meses salí en mi carro y me quedé atascada en un tránsito por una zona que había sido muy conocida por mí, la de Santa Rosa, cerca de la Cantv. Recordaba esos predios y rememoraba, sobre todo, el olor a chocolate de la fábrica de El Rey, que quedaba por ahí. Ya la fábrica no está, no existe aquel aroma, ahora sólo hay niños y adultos que deambulan, que registran los contenedores de basura, que duermen en inmundos colchones en el piso. El tiempo que pasé atascada en el tráfico me pareció interminable. Por fin salí por la avenida Andrés Bello y recordé el elegante edificio Vam, donde alguna vez visité a amigos. Ahí estaba, pero ya no era el mismo.

Finalmente, llegué a mi casa, me sentí protegida por mi mata de mango y mis mascotas, pero algo no andaba bien en mí. Tenía fiebre. Caracas me había enfermado de desánimo, de pobreza, de desidia, de abandono, de indiferencia.

Es triste.

Fuente: Diario El Mundo

En la cresta de la olla
 
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Posted by on July 29, 2006 in Venezolanisimos

 

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