RSS

Category Archives: Personajes de Esperanza Márquez

Lutecia Adams, forma sana de comer

El Personaje de la semana y su receta
Lutecia Adam

NATURISTA  Luchadora social incansable, nació en Irapa, Estado Sucre. Vivió en Tucupita, Delta del Orinoco, hasta que tuvo 16 años. Se educó con las Hermanas Franciscanas. Tiene cinco hijos, 14 nietos. Ha escrito varios libros: "Diario íntimo de amapolas y fantasmas", "Laboratorio de la naturaleza 1", "Laboratorio de la naturaleza 2" y "El gran laboratorio de la naturaleza". Desde hace más de 15 años trabaja con la comunidad de Hato Viejo en un programa de acción socio-educativa-cultural para incrementar la producción de artesanías, mejorar la calidad de la alimentación con los productos del medio y elevar la calidad de vida de quienes participan en el proyecto

Esperanza Márquez 

 
CREADORA Adams ideó para ella y para todo al que pueda ayudar una nueva y sana forma de comer


La existencia de Lutecia Adam está llena de cosas bellas, pero también ha tenido que pasar por experiencias que la marcaron para siempre, como ser perseguida, junto a toda su familia, por la dictadura de General Marcos Pérez Jiménez.

Pero ya hoy en día Lutecia ha superado todos estos acontecimientos, además de haber superado una enfermedad que la tuvo al borde de la muerte.

Pero vamos a comenzar por el principio, desde su infancia, hasta llegar a cómo Lutecia, Adam cambiando sus hábitos alimenticios, su manera de pensar, sentir, etc., logró superar su enfermedad, considerada como incurable.

"¿Qué comía en mi infancia?

De todo lo que me daban. Pero uno de los olores que recuerdo con gran nostalgia cuando hago pan, es el de pan recién horneado.

En mi casa se hacía el pan.

Mi Nenita tíaabuelamamá era una artista en la cocina, ella logró conjugar el arte de la gastronomía criolla con la exquisitez de la comida francesa.

"Mi padre era francés y consideraba algunas de nuestras comidas indígenas como poco nutritivas.

El casabe y la arepa no se comían, pero yo me desquitaba en casa de mis abuelos y amigas del colegio, y comía todas esos platos criollos extraños en mi casa.

"Nuestro desayuno era el típico francés: pan, mermelada, mantequilla queso, frutas, algún cereal y una bebida que inventó mamá a base de papelón, especias y leche que llamó Guarey y que aprenden a consumir los pacientes de cáncer y las personas con quienes intercambio conocimientos.

"Nuestro almuerzo estaba compuesto por sopas variadas, desde la típica de cebolla, hasta los caldos y sancochos criollos de gallina y carne de res, pescados.

Comíamos mucho pescado, por lo menos tres veces a la semana, muchas ensaladas y vegetales, en casa había un huerto y se cultivaban verduras y hortalizas. También se comían plátanos a diario, nunca faltaban los plátanos pues el francés que no dejó entrara a nuestra casa el casabe y la arepa, se enamoró de ellos, y consideraba el valor nutritivo del plátano superior a muchas frutas. Los comíamos en puré, fritos, horneados en dulces en todas las formas. Él los comía como postre, a nosotros nos encantaba con la comida.

"En la cena tomábamos una comida suave como pastas, puré, un poco de pollo y postre.

Nunca faltaban cereales: avena, cebada, con la leche que traían de la finca de los abuelos, la cual hervían y daba unas natas gordas deliciosas, la que yo pretendía comerme sola".

La conversación con Lutecia es tan animada, formadora, enriquecedora y llena de la paz interna que nos comunica en cada gesto, en cada sonrisa o en cada carcajada, que hubiéramos podido hablar con ella el día entero.

Una anécdota de su infancia de niña traviesa y sincera: "Antiguamente cuando alguien regresaba de viajes o se enfermaba un miembro de la familia, se acostumbraba enviar a las niñas de la casa con alguna delicadeza para el enfermo o el recién llegado. Mi mamá enviaba su presente: galletas caseras, o huevos frescos, o flores del jardín, o unas islas flotantes, con sus tres niñitas, con la recomendación de que si nos ofrecían merendar o algo, dijéramos ‘No gracias, ya merendamos’.

Yo respondía, "Sí, yo sí quiero, muchas gracias".

Mis hermanas me veían con una cara de descarada que no tenía tamaño".

Lutecia Adam, antes de enfermarse tan gravemente, llevaba una vida a la que decidió darle un vuelco: "Comía y bebía de todo, llevaba una vida social intensa y estresante.

Vivía para darme placer y satisfacciones de toda índole y hacía ejercicios, no por el placer que te da el movimiento, sino por estar en forma, no ser gorda. La belleza externa".

Hoy en día y desde hace años, hasta lograr su total curación con el asombro de sus médicos, Lutecia Adam se ha inventado, para ella y para todo al que pueda ayudar, una nueva y sana forma de comer: "No considero mi comida netamente vegetariana, porque no practico la rigidez de algunos vegetarianos, uso leche, huevos criollos, como un poco de pescado y aves criadas en el patio sin hormonas y antibióticos. Creo que los cambios en la alimentación deben ser conscientes y armónicos, y adaptar esos cambios de acuerdo a cada naturaleza.

Nos alimentamos no sólo con lo que ingerimos por la boca, también nos alimentamos con lo que pensamos sentimos. " El cambio en los hábitos de vida de Lutecia Adam, no solamente tiene que ver con la alimentación.

Uno se nutre no sólo de alimentos, sino con nuestra manera de ver las cosas, de disfrutarlas y de cuidarnos tanto nuestra alma como nuestro cuerpo, y le pregunto: ¿Se puede considerar vanidad el cuido del cuerpo?

"No considero vanidad el cuido del cuerpo. Me parece hermoso y saludable que cuides el estuche que guarda tu alma, y ese cuerpo debe estar limpio de impurezas tanto físicas como emocionales, para alojar esa cosa maravillosa que es tu espíritu.

Es un acto de respeto y amor hacia ti mismo.

"Ser bella, para mí, era un reto, hoy la belleza es una cosa más íntima y profunda que se refleja en mi piel, en el brillo de mis ojos, y en la sonrisa de mis labios que brota ante el milagro de una tela de arañas tejida durante la noche en los naranjales preñados de azahares, bañados de rocío, que contemplo en mi caminata matinal en Hato Viejo".

Lutecia, ¿cuál es, hoy en día, tu filosofía de vida y que nos recomendarías para mejorar nuestras condiciones físicas, espirituales, emocionales, morales, mentales?

"Está basada en la simplicidad de las cosas. En perdonar, y disfrutar de las cosas que no tienen valor, como por ejemplo, el aire que respiro. Todos respiramos el mismo aire. Los pobres y los ricos. Eso nos unifica, así que cuando me levanto al amanecer y respiro y estoy viva, agradezco a esa fuerza Infinita que me sembró la vida por disfrutar de ello. Mientras menos tengo, menos cosas tengo que cuidar y puedo dedicar más tiempo a cultivar mi jardín, a escribir mis cosas, a cultivar lo que como, a compartir lo que aprendo cada día con los demás.

"Pienso que dejar vivir a los demás sin hacer juicios perniciosos y perdonar sus inconsecuencias, tomando las cosas al mismo ritmo de la naturaleza, como se suceden los cambios del día y la noche, la siembra y la cosecha, haciendo las cosas sin presiones, dejando que fluyan las fuerzas naturales que están dentro del universo, respetando el orden que rige las cosas.

"Yo diría que mi filosofía de vida se basa en respetar mi entorno y en nutrirme integralmente sin dañar en absoluto las bondades de la Naturaleza".

Con esta enseñanza de vida y con la receta que nos regala, que inventó en honor a su nieta, nos despedimos de Lutecia Adam, ejemplo de cómo la mente puede imponerse sobre el cuerpo y lograr su curación.

LA RECETA

Paté Ximena

Ingredientes:

  • 1 kg de cebollas
  • 250 g de aceitunas negras
  • 2 paquetes de queso crema
  • 1 panela de mantequilla o margarina
  • 1 cabeza de ajo
  • 2 limones (grandes)
  • 2 copas de jerez o blanco seco
  • 1 cucharadita de pimienta negra recién molida
  • 1 cucharada grande de nuez moscada
  • 4 hojas de laurel (picaditas o en polvo)
  • 2 cucharadas de salsa inglesa
  • 2 cucharadas de salsa soya
  • 1 cucharadita de Guayabitas del Perú
  • 2 cucharadas de gelatina sin sabor

    Preparación:

    Se lavan y pelas las cebollas, se pican en rodajas finas y se aderezan con limón, la pimienta, la salsa inglesa, la soya, la sal, los ajos machacados, guayabitas molidas y una copa de vino.

    En una sartén se pone la mantequilla a fuego lento, al estar caliente, se sacan las cebollas de la maceración y se ponen al fuego, hasta que estén doradas y cristalinas. Le agrega el jugo donde estaban y la mitad de la nuez moscada, lo revuelve bien y lo deja cocer hasta que se consuma el vino. Le agrega la gelatina y revuelve. Lo apaga y deja reposar.

    Finalmente licua el guiso y el queso crema.

    Por partes, poco a poco integrando el queso crema con el guiso, hasta finalizar todo el material. Ya está listo para servirlo. Lo pone en una fuente adornado con aceitunas negras y verdes y lo sirve con panecitos y casabe tostado, o también con algunos palitos de celery o zanahoria, alrededor.

  • Fuente: El mundo

     
    Advertisements
     

    Aquiles Báez entre el sancocho y el sushi

    El Mundo Sábado 17 de Febrero de 2001

    VIVIR

    El Personaje de la semana y su receta
    Aquiles Báez

    DEDOS VIRTUOSOS  Es uno de los jóvenes guitarristas populares más talentosos de Venezuela. Compositor de bellas canciones y de música para teatro, danza y cine por lo que ha recibido Premios Municipales y el Premio Nacional del Artista de Venezuela, como mejor arreglista, además, del William Leavitt Award que otorga el Berklee College of Music

    Esperanza Márquez 

     
    ANDREÍNA MUJICA
    TALENTO Báez enfrenta grandes retos en su carrera musical


    En este momento estoy en el dilema de qué será más fácil: hablar o expresarse de una persona que conocemos y queremos, o de un desconocido. Seguramente que todos me dirán que es más fácil hacerlo de alguien a quien conocemos, pero en ese caso nuestro discurso estará guiado por los sentimientos y los afectos. Estoy segura que éste será mi caso hoy.

    Hijo de Ana María Reyes, trabajadora incansable y de las principales promotoras triunfantes y responsables de que la Unesco declarara al casco histórico de Coro, Patrimonio de la Humanidad.

    A Aquiles Báez lo conozco casi "desde que estaba chiquito".

    Comenzó como mi guitarrista acompañante cuando apenas tenía 19 años de edad. Empezaba en el mundo de la música y se me convirtió en una caja de sorpresas cuando empecé a descubrir su gran talento. No me equivoqué, el tiempo me dio la razón y hoy en día Aquiles Báez es un profesional de la guitarra que ha estudiado con maestros como Leo Brouwer, Alfonzo Montes, Luis Zea, Mick Goodrick, George Russel, Ran Blake, entre otros. Posee 5 discos propios y ha tenido participaciones en grabaciones y conciertos con músicos de la categoría de Danilo Pérez, Paquito de Rivera, John Patitucci, Oscar Stagnaro, Dave Samuels, Luciana Souza, Fareed Haque, Claudio Ragazzi, Romero Lubambo, Ensamble Gurrufío, Orquesta La Pasión y Solo Razaf, entre otros y, aunque no lo diga en el currículo que me envió, fue el guitarrista acompañante de lo que estoy orgullosísimade quien esto escribe por un período de casi 15 años. Actualmente es profesor de Guitarra en Berklee College of Music, en la ciudad de Boston, desde donde continúa desarrollando su carrera internacional.

    Ciberentrevista

    La maravilla del correo electrónico hace posible esta conversación con Aquiles Báez, que en este momento se encuentra en Boston, pero que a partir del mes de marzo estará residenciado en la ciudad de Nueva York, donde se enfrentará a uno de los retos más importantes de su carrera musical, pues tendrá que desafiar a jungla repleta de fieros músicos y donde la competencia hará, estoy segura, triunfar porque sólo se triunfa con el talento, la pasión y el deseo de superación, que a Aquiles le sobran.

    Con él no nos fue difícil entrar de lleno en la parte gastronómica, y aferrado a sus recuerdos infantiles, nos dice: "Cuando estaba pequeño mi abuela nos hacía unos ‘toletes’ inmensos de Nestum, Cerelac y Nenerina, porque los pobres niñitos estábamos desganados.

    Después vino la tradición del escabeche de pescado que es algo típico de la Vela de Coro, me acuerdo que mi abuela siempre le echaba nuez moscada al escabeche y a casi todo le ponía ese aliño".

    "Mi mamá también, todavía, hace una de las tortas negras de Navidad más deliciosas que he comido. Mi abuela, en cambio y en materia de postres, hacía una torta de pan impresionante, y cada vez que veo o como una torta de pan me acuerdo de ella. Definitivamente, en este sentido, hay sensaciones de los platos que se preparan en el núcleo familiar que te dejan marcados de por vida".

    Entre el sancocho y el sushi

    Le pregunto a Aquiles si me puede hacer una comparación entre la música y la comida, y me responde haciendo gala de ese humor tan particular que invariablemente lo ha caracterizado y que entre sus amigos es famoso. Muchas veces, en reuniones donde Aquiles no está, alguien echa un cuento con ciertas características de humor e invariablemente hay quien dice: "parece un chiste de Aquiles".

    "Las dos son sensaciones que responden a estímulos y a estados de ánimo, por ejemplo, yo cuando me quiero despechar siempre me provoca oír boleros y caerme a sancocho de gallina. En cambio, cuando estoy enamorado me provoca un sushi y oír música clásica.

    Lo que sí es que un buen cocinero es como un buen compositor, tiene que ser arriesgado y probar muchas cosas antes de llegar a un resultado".

    Estudio y variedad

    Este talentoso guitarrista que debe llenarnos de orgullo a todos los venezolanos tiene una receta, que comparte con nosotros, para llegar a ser un buen músico: "La receta es estudiar mucho, oír y vincularse con muchos estilos diferentes de música y dejar que la misma sea la que se adentre y que cuando salga sea por una respuesta orgánica y una necesidad de expresar una sensación, es internalizar el silencio y comprender el sentido de los sonidos".

    Llegando ya al final de nuestra conversación a través del ciberespacio, Aquiles le recomienda a las nuevas generaciones, a los más jóvenes, a los que comienzan la carrera musical, una de las más difíciles, porque no se puede considerar una carrera sino una forma de vida que marca y determina cualquiera de nuestros comportamientos y que hace que afloren los sentimientos y la sensibilidad de manera diferente al "común de los mortales": "Que disfruten de lo bueno, se preparen para andar un poco por la ‘mala vida’ y que lleguen a viejos con la sabiduría necesaria para aconsejar a los que vienen detrás".

    No nos podía dejar Aquiles Báez sin una receta de su querida tierra natal, La Vela de Coro.

    LA RECETA

    Mote de Auyama

    "Para esto se pone a sancochar la auyama hasta que se vuelva compota. Después que está en ese estado, se le quita la concha ( por supuesto). La referencia es, como por una olla para cuatro personas, se usa una auyama de unos 2 kilos. A esto se le echan alrededor de dos tazas de leche, se le hace un sofrito de cebolla, pimentón, un poquitico de nuez moscada con adobo para que sepa a algo, se le pone el sofrito a la auyama hecha papilla y se le agrega un poco más de leche, con lo que se convierte en una especie de crema bien espesa. Después se le coloca queso blanco duro rallado, al gusto, y se espera que la crema hierva.

    Después se come y uno queda más pesado que un ‘collar de bolas criollas’, pero es riquísimo. Este plato se hace por tradición en mi familia (creo que debe ser por eso que somos todos bien llenitos) y al parecer este plato es un plato indígena, típico de Coro".

     

    http://www.elmundo.com.ve/ediciones/2001/02/17/p1-14s1.htm

     

    Valentina Quintero: El doble placer de viajar y comer

    El Mundo Sábado 22 de Septiembre de 2001

    Viajar y comer son dos placeres que van de la mano. Así lo confirma la periodista Valentina Quintero, conductora del programa Bitácora y promotora del turismo nacional. Para ella, cada paseo por la geografía venezolana constituye un deleite gastronómico, y en esta ocasión comparte con los lectores de El Mundo la receta de una de sus debilidades: pasta con caviar.

     

    VIVIR

    El Personaje y su receta
    Valentina Quintero

    VIAJERA  Nació en Caracas. Estudió en el Colegio San José de Tarbes. En 1997 se graduó en Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello, mención audiovisual. Se fue a Boston donde, en la Boston University, obtuvo el título de magister en Tecnología Educativa. Desde 1986 escribe el Manual de Ociosidades; desde hace años trabaja en radio, también en televisión donde desde 1994 mantiene su programa "Bitácora", que ganó el Premio Nacional de Periodismo (1997) y el Monseñor Pellín (1996). Desde 1996 edita con rotundo éxito "La Guía de Valentina Quintero"

    Esperanza Márquez 

     
    CÉSAR PALACIOS


    No parece que pudiera caber tanta energía, voluntad, iniciativa, carcajadas y entusiasmo en el cuerpo menudo de Valentina Quintero, una mujer que se declara "militante de la felicidad", quizá porque desde antes de nacer, sus padres, Tony Quintero y Ana Carlota Montiel de Quintero, se morían porque ella naciera, como lo dice Valentina en su currículo, muy particular, a la manera de Valentina.

    Es una entusiasta de su país, al que conoce de palmo a palmo por todos los viajes que le asigna su programa "Bitácora". Ese entusiasmo se le desborda cuando le preguntamos si le gusta comer.

    "Me encanta comer, me gusta comer bien y probar cosas nuevas. Además me llevo todas las sorpresas en Venezuela".

    Viajar y comer

    "En Santa Bárbara del Zulia comí Armadillo, un pescado horrendo, negro, con bigotes, con una piel dura. Lo abren, lo asan, le ponen como con una salsita y la carne cruda es color guayaba, pero cuando lo asan se pone clarita. Una exquisitez.

    "En San Juan de Dios, en Colón, preparan Moñongo, que es un tequeño al que se le pone carne esmechada, queso y plátano, y tiene una versión que es con pollo y otra con chuleta ahumada".

    Todo lo cuenta atropelladamente como si el tiempo no le fuera a alcanzar para trasmitirnos los sabores, olores y texturas que ha ido atesorando en sus viajes por el país.

    Valentina disfruta de los placeres de la vida, pero que en cuanto a la cocina tiene su propio criterio: "De cocina no sé nada, no me interesa, porque todo lo que se demore me desespera. Lo he intentado porque sé que puede ser una cosa muy relajante, que es una ofrenda, que cuando de verdad quieres a alguien preparas una comida. Cuando preparo algo lo hago por Scannone.

    "Hay una receta de Scannone, la Chalupa, que es complicadísima y que después que uno ralla todo hay que pasarlo por un colador de alambre. Le escribí a Armando y le dije que eso que quedó en el colador, lo licué e hice otra salsa y le agregué otro pollo… Armando se rió y me dijo que eso era la alquimia de la cocina.

    "Pero cuando he hecho esa chalupa, que la he hecho como tres veces en mi vida, quedo exhausta.

    Entonces pienso qué necesidad tengo yo de hacer una cosa tan aparatosa y tan complicada".

    Le pregunto a Valentina cómo ha hecho las veces que se ha casado, porque como ella misma expresa en ese particular currículo: "Me he divorciado varias veces, como toda mujer que se precie, y cada hora que pasa estoy menos clara sobre ese dilema de la ‘relación de pareja’, pero procuro que no me mortifique.

    "La primera vez que me casé, cocinaba, porque quería cocinar.

    Preparaba cosas sencillas, pero por recetas. Una vez resolví hacer un pabellón: puse las caraotas en la olla de presión, pero también puse la carne.

    Cuando las caraotas estuvieron listas, saqué la carne que por supuesto estaba negra. Entonces lavé la carne y la esmeché y le hice una salsa y pensé que ese pabellón me había quedado estupendo.

    Un día yo lo conté en casa de mi mamá y quedó horrorizada porque cómo se me había ocurrido poner la carne junto con las caraotas, y luego mi hermana Inés inventó que yo también había echado el arroz en la olla de presión, pero eso es completamente falso".

    Para una mujer que no le gusta cocinar, el vivir 10 años con un hombre que sí le gusta y que además tiene tiempo para hacerlo, es una bendición del cielo. Esto fue lo que le pasó a Valentina Quintero cuando vivió con el dramaturgo Rodolfo Santana: "Rodolfo era el amo de casa porque estaba en la casa escribiendo y yo en la calle haciendo mi trabajo. Rodolfo disponía lo que se iba a comer, hacía mercado, cocinaba, se entendía con las mujeres de servicio y yo llegaba a mi casa como llegan los varones: a comer y a salir otra vez.

    "Yo cocino cuando estoy enamorada.

    Había un plato que yo sabía preparar muy bien y que me quedaba regio, la polenta.

    Un día, enamorada de Rodolfo, resolví hacerle mi polenta mundial.

    Le dije que se la había preparado y él me dijo que si quería que me llevara comida china o árabe, hasta que se sinceró conmigo y me dijo que el odiaba la polenta. Bueno, aquello bastó y sobró para que yo más nunca la hiciera, me traumaticé, quedó como un estigma que nunca en mi vida preparé polenta".

    Su gusto por la comida, por comer bien y sabroso le viene a nuestro personaje de hoy por pertenecer a una familia donde la comida era una de las formas más importantes de relacionarse entre ellos.

    "En mi casa la hora de la comida era sagrada, era la hora de la cordialidad, no se podía pelear, nadie se podía parar, nadie podía atender el teléfono, todo el mundo tenía que sentarse a la mesa: mi papá, mi mamá y nosotros cinco. Es una familia en donde todos los eventos tienen que ver con la comida. A tal punto que teníamos una casa en Chichiriviche de la costa y si íbamos un fin de semana lo primero que se hacía era el menú, entonces, sabiendo qué íbamos a comer, se hacía el mercado y todo el mundo opinaba sobre ese menú".

    Valentina, ¿cómo era un almuerzo de todos los días en tu casa?

    "En mi casa se comía primero frutas, después sopa, después la comida y el postre. Nunca faltaba un postre porque a mi mamá le gustaba mucho hacerlos y hubo una época en que nosotros aprendimos a hacer esos postres para venderlos, mis hermanas Susana e Inés y yo, pero la que se quedó con la tradición fue Susana que todavía en Maracay los hace y los vende".

    Por todo ese aprendizaje que tuvo Valentina Quintero en su familia, hoy en día en su casa, que son solamente ella y su hija Arianna, tienen que comer en una mesa perfecta, con lindos manteles, odia que le pongan un vaso que no es, un plato que no combine, todo tiene que estar servido bonito, grato. Le encanta invitar a almorzar a sus amigos y le encanta comer en restaurantes por toda la ceremonia que conlleva: el menú, el vino, las velas, el chef recitándole los platos.

    Valentina Quintero, una mujer que no hay nada que quisiera hacer con su vida que no fuera exactamente lo que está haciendo y como lo poco que cocina lo hace por los libros de Don Armando Scannone, su receta de hoy será la Pasta con Caviar con la que se consienten ella y su hija Arianna.

    LA RECETA

    Pasta con caviar

    Ingredientes:

    12 tazas de agua y 3 cucharaditas de sal para cocinar la pasta; 1 cucharada de aceite; 4 cucharadas de mantequilla;

  • cebolla grande picadita; 1/16 de cucharadita de pimienta blanca, molida; 1/3 taza de vino blanco, seco; 250 g. de pasta (espaguetis, cinticas, etc.); 1/3 de crema gruesa, para batir; 50 g de caviar.

    Preparación:

  • 1. Se pone al fuego una olla con el agua y la sal para cocinar la pasta. Se lleva a un hervor.

  • 2. En una sartén se ponen el aceite y la mantequilla a calentar. Se agregan la cebolla picadita y la pimienta y se cocina hasta que comience a dorar, unos 6 minutos.

  • 3. Se agrega el vino, se lleva un hervor y se cocina 2 minutos. Se retira del fuego y se pone aparte.

  • 4. Se agrega la pasta a la olla con el agua hirviendo. Se lleva nuevamente a un hervor y se cocina hasta estar "al dente".

  • 5. Se retira del fuego, se cuela y se vuelve la pasta a la olla a fuego muy suave. Se agrega el contenido de la sartén. Se revuelve.

    Se le revuelve la crema y por último se le revuelve cuidadosamente el caviar, preferiblemente en muy frío, para servir de inmediato.

  •  
     

    Los secretos gastronómicos de Doña Amalia

    Aunque ya Doña Amalia forma parte del firmamento de estrellas celestiales, éste artículo de Esperanza Márquez que publicaba en El Mundo lo tenía guardadito y que mejor que ponerlo en este nuestro espacio.
     Criada por su mamá para ser ama de casa, la “Doña” de la televisión venezolana no perdió la primera oportunidad que se le presentó para ingresar al arte dramático y desarrollar una carrera en cine, teatro y TV de 40 años. Sin embargo esa decisión no dejó afuera el gusto de Amalia Pérez Díaz por la cocina. Hoy, a sus 80 años, la actiz disfruta tanto frente a los fogones, como lo ha hecho ante las cámaras.

    Foto: JESÚS CONTRERAS


     

    El Mundo Sábado 01 de Febrero de 2003

    Vivir
    Amalia Pérez Díaz

    ACTRIZ Con más de 40 años de experiencia en el mundo del teatro, el cine y la elevisión, próxima a cumplir 80 años de edad el 15 de junio de 2003, se nos presenta como una mujer que irradia juventud, alegría y optimismo. Chilena de nacimiento, vivió en Perú y se radicó en Venezuela luego de casarse con Manuel Enrique Pérez Díaz, músico y guitarrista venezolano

    Esperanza Márquez

    La conversación con doña Amalia Pérez Díaz la sostuvimos en su casa, de la cual nos abrió la puerta con su gentileza de siempre. Una casa, que comparte con su hija Amalyn, llena de recuerdos de viajes, libros de cocina, fotografías familiares y estatuillas que representan todos los premios que ha recibido en su larguísima carrera artística en nuestro país.

    Amalia Pérez Díaz es uno de esos personajes que próxima a cumplir sus 80 años, lo que irradia es juventud, alegría, felicidad y agradecimiento a la vida por ser quien es.

    La niñez

    “Fui una niña que, según decía mi mamá, todo lo preguntaba, muy curiosa y quizás esa es una de las cosas que me ha servido para mi oficio de actriz, porque el actor que no es curioso para aprender cosas, se va quedando en un círculo de lo que sabe y se acabó”.

    Amalia se educó en un colegio de monjas donde le enseñaron todas las artes que debe practicar una ama de casa: coser, tejer y bordar, y de la parte gastronómica se ocuparon de enseñarla su madre italiana y sus abuelos.

    “Mi mamá me educó para ama de casa, hasta que llegó un momento en que hubo que buscar un camino para mí, para lograr más sueldo, y en el ‘come’ en el sur, si hay una persona más que sirva para el teatro, pues esa persona va”.

    En nuestra cordial conversación con doña Amalia Pérez Díaz, siempre salpicada, adornada, aderezada por su buen humor y sus carcajadas, nos comenta que su vida ha sido siempre el trabajo.

    “Quiere decir que mi niñez fue trabajo, mi juventud fue trabajo ya que comencé en el teatro a los 9 años. Yo soy tan trabajadora que no me recuerdo sino cuando estuve embarazada de descansar un poco. Siempre he trabajado, pero me gusta. Es decir que todo lo que hago, aunque no me guste, lo hago bien, pero trato en mi vida de hacer las cosas que me gustan para sentirme bien”.

    La cocina

    Doña Amalia ha cocinado desde que era una niña.

    “En aquella época no había el dinero como para poner una cocinera, entonces… cocinas.

    Mi madre daba clases de piano y yo cocinaba.

    “A mí me gusta cocinar. Eso de que tú tienes cuatro elementos: cebolla, tomate, un poco de perejil, ajo y que te salga una salsa bien hecha, eso es encantador.

    Es tan bueno como salir y ponerte frente a la pantalla y decir bien una cosa”.

    Influencias gastronómicas

    En cuanto a este tema de la cocina, nuestro personaje tiene tres influencias importantes: la italiana, la chilena y la peruana.

    Se pone a hacer memoria de los platos que hacía y recuerda el plato típico chileno en sopas: la cazuela de aves, que tiene que salir barato porque es popular, pero que tiene su truquito: “Uno siempre hace una sopa con las presas de pollo y con eso hace el caldo. En Chile no, en Chile se cortan las presas, se fríen y después se hace el caldo.

    ¿Qué gana uno con eso?, sencillamente que el caldo salga limpiecito.

    La cazuela lleva: pollo, papas, auyama o zapallo, vainitas cortadas finitas, arroz.

    “Es un plato que después te puedes comer el pollo con una ensalada, y el caldo con el arroz y la vainita, y sacas las papas para la ensalada.

    “La pobreza agudiza el intelecto, tienes que inventar. Por eso cuando veo esos cocineros en la televisión pienso que si tuviera cangrejos, atunes, salmones yo también cocinaría perfectamente bien”.

    Esa mixtura de culturas de doña Amalia Pérez Díaz se refleja en la comida que sabe preparar ya que un mismo plato puede convertirse en chileno o en italiano, según le varíe algún ingrediente.

    “Si tienes caraotas rojas, haces unas caraotas con auyama y jojoto y salsa de tomate y eso es a la chilena, pero si la hago a la italiana hago las caraotas rojas con salsa de tomate y le pongo, cuando ya va a estar, cualquier pasta cortada y se llama ‘pasta e fagioli’”.

    Sin embargo, el plato preferido de la familia es y era la pasta.

    En este sentido nos comenta que hay variedades infinitas de salsas que se pueden hacer con pastas: “Un día lo haces con tomate, otro con atún, otra que yo hago cuando me sobran caraotas blancas y hago una jardinera, una salsa campesina. Lleva tomate, todas las hierbas sin ex ceptuar la albahaca, caraotas blancas…”.

    En Venezuela

    Amalia Pérez Díaz no se confiesa apasionada de las arepas, prefiere su pan de trigo.

    “Pero los bollos pelones me encantan y hago unas hallacas muy recontrabuenas, porque yo estoy integrada a este país”.

    Sin embargo, cuando llegó casada con Manuel Enrique Pérez Díaz, muy joven, no comprendió del todo bien la manera campechana de ser del venezolano. Se horrorizaba de que la gente se hablara en voz alta de una acera a otra, pero hubo algo que la cautivó.

    “Me encantaba era ir de visita porque me parecía hermosísimo el comportamiento del ama de casa venezolana que te venía inmediatamente con una bandejita, con su mantelito, su café y su vaso de agua, sin preguntar, y si había más amistad, te traían tu dulcito. Era encantador, hermosísimo y poco a poco me fui enamorando, pero claro…

    yo todavía no grito de una acera a otra”.

    Seguimos nuestra conversación con esta mujer que nos llenó de optimismo y nos contagió su juventud. Una mujer excepcional que siempre ha sido feliz porque ha sido conforme, porque “camina con el viento”; porque sabe muchas cosas por su curiosidad, porque se divierte igual asistiendo al ballet, a una sinfónica, a una ópera o viendo un programa deportivo en la televisión; porque ya va a cumplir 50 años trabajando en Radio Caracas Televisión; porque tiene amigos con quienes puede conversar de libros, de teatro, de cine, con quienes se puede comunicar y compartir su mesa.

    “Lo que te hace sentir bien es el respeto de los demás, y para que te respeten, primero tienes que respetar lo que estás haciendo, y esa ha sido mi pauta para la vida y se lo he enseñado a mis hijos y lo enseñaré hasta los bisnietos”.

    Así terminamos nuestra conversación con doña Amalia Pérez Díaz una mujer muy apegada a lo que es la vida, que no le agrada andar en vilo, le gusta pisar la tierra, no cree en cuentos, ni sueña con cosas imposibles y que su plato preferido es arroz blanco con dos huevos fritos y un contorno de plátanos fritos.

    “Sé hasta dónde llega mi capacidad y con eso me basta”.

    LA RECETA

    Ceviche peruano

    Ingredientes básicos:

    • Filetes de mero o pargo (sin espinas)
    • Limones (según cantidad)
    • Cebolla a la juliana (según cantidad)
    • Sal al gusto
    • Aceite de oliva Presentación:
    • Lechuga fresca (para nido)
    • Pimentón en tiritas
    • Batatas sancochadas en rodajas
    • Jojotos en ruedas
    • Perejil picadito y en ramas Realización: Picar en tiritas o en cuadritos el pescado.

    Lavar y echarle sal abundante. Hervir agua suficiente. Cuando esté hirviendo, verter el pescado, revolver para que se blanquee y sacar rápidamente. Colar muy bien.

    Sacar jugo de limones frescos en cantidad suficiente para que cubra el pescado, añadir la cebolla bien picadita (finita), llevar a la nevera y dejar por unas 3 ó 4 horas para que se cocine el pescado en el jugo. Mover de cuando en cuando.

    Al momento de servir, hacer un nido de lechugas sobre el cual se coloca el pescado ya listo, se le añade el perejil picadito, las tiritas de pimentón y un chorrito de aceite de oliva (crudo). Se adorna con las ruedas de batatas y jojoto y ramitas de perejil.

    En el Perú le añaden “rocoto”, un pimentón muy picante. Calcular un filete mediano por persona.

    http://www.elmundo.com.ve/ediciones/2003/02/01/f-mun.asp

     

    Tags:

    Armando Scannone

    El Mundo Sábado 8 de Septiembre de 2001

    VIVIR

    El Personaje de la semana y su receta
    Armando Scannone


    GRAN CHEF  Nació en Caracas el 22 de agosto de 1922. Es ingeniero civil y fue vicepresidente y secretario del Colegio de Ingenieros de Venezuela, así como presidente del 6° Congreso Venezolano de Ingeniería en Barquisimeto. Ha tenido empresas de construcción, lo cual le permitió intervenir en el desarrollo del grupo de urbanizaciones El Trigal, en la ciudad de Valencia. Es presidente fundador de la Academia Venezolana de Gastronomía, institución que actualmente dirige. Es el autor de “Mi Cocina a la manera de Caracas”, volumen I y volumen II (1982/1994)

    Esperanza Márquez

    Don Armando Scannone es el responsable de que los venezolanos nos hayamos interesado en nuestra comida, sobre todo en la caraqueña. Ya no se concibe una biblioteca culinaria venezolana sin el libro de Scannone, y se ha hecho célebre la frase “quien no cocina por el libro de Scannone, no cocina”.

    Relata que cuando “mamá estaba en sus últimos años, comencé a recolectar las recetas.

    Hice un folleto en multígrafo que se le repartió a los miembros de la familia. Cuando hice el libro, nadie sabía que lo estaba haciendo, porque me daba un poco de pena ya que no era costumbre que un hombre se preocupara por la cocina”.

    Decidó rescatar las recetas para no volver a pasar trabajo con la comida como cuando su cocinera salió embarazada y se fue.

    “A partir de aquel folleto comenzamos a hacer todo bien codificado, yo metido en la cocina, controlando los sabores, probando e invitando gente, cocineras que venían a cocinar, a probar.

    La cocina de mi casa se fue enriqueciendo, y el sabor y la sazón se iban mejorando. Con todos esos elementos comenzamos a hacer el libro. Yo lo que quería era hacer un recetario que me supliera la ausencia de la cocinera, por eso se hizo con esa precisión”.

    Explica que fue un trabajo de laboratorio ya que no tenían proporciones y había que empezar con el recuerdo del sabor y de texturas. Luego hacer muchas pruebas hasta llegar a lo que recordaban.

    La cocina criolla

    ¿Entra en la polémica de si la cocina venezolana es exportable o no, de si es ramplona o demasiado elaborada?

    – Tengo en ese sentido unos criterios bien formados. La cocina venezolana es básicamente casera, no es de restaurante, es como la cocina familiar de cualquier país del mundo, de Francia, España, Italia, con la diferencia que estos son países que tienen una cultura más establecida, tienen más tradiciones, aman más su comida. Yo creo que al venezolano no le interesa su comida, comienza a interesarle recientemente. En mi infancia sí había interés porque se sabía hacer. Eso desapareció en una o dos generaciones, a partir del 50. La gente dejó de conocer nuestra comida, comenzó a sentir vergüenza. La vergüenza por el pabellón por vulgar, ordinario, pero no es así.

    En un solo plato se come el menú entero. Es un gran plato.

    Agrega que se trata de una cocina familiar, casera, muy buena, gastronómica, y culinariamente muy buena y muy inteligente, es muy elaborada, que necesita que se conozca, por eso no puede llevarse al restaurante.

    La cocina casera necesita un cierto oficio que es distinto al del restaurante. “No se pueden hacer unas caraotas negras perfectas hasta que no las conozcas bien. Ni Robouchon, que es lo más grande que existe, si hace unas caraotas negras, seguramente serían un desastre”.

    ¿Tiene la cocina venezolana diferencias fundamentales con otras de América Latina?

    Sí, es más cosmopolita. Tiene mucho más de europeo que la mexicana, la peruana. Venezuela tiene una posición hacia el océano, pero, no somos sólo suramericanos, somos Caribe, pero además Venezuela a partir del Decreto de Guerra a Muerte rompió relaciones con España, y duró oficialmente hasta 1845 en que se restablecieron y volvió el comercio en muy pequeña escala, porque en 1860 cuando Guzmán Blanco el comercio era relativamente pequeño. Así que nosotros tuvimos por fuerza que tener relaciones con otros países que sí influyeron: Holanda, Dinamarca, Francia, Alemania, Estados Unidos. Comenzamos a conocer otros sabores. Nosotros conocimos la Salsa Inglesa tempranísimo, en 1850. Usamos pimienta. Los países latinoamericanos que quieren exaltar el sabor de la comida, usan ají. La pimienta es más refinada, muy europea.

    Multisápida

    Scannone considera que la comida venezolana es difícil aún para nosotros, porque es compleja la combinación de sabores.

    Señala que en ella el sabor se hace en la olla, salvo el pabellón, el cual además de haberse hecho en su olla con cada uno de sus ingredientes, se hace un nuevo sabor en el plato.

    En ese afán, legítimo por demás, de hacer llegar la cocina venezolana a los restaurantes, hay una pretensión de quererla “adornar” y cambiarle su presentación tradicional.

    ¿Está de acuerdo con eso?

    Está el Cega que intenta adaptar la cocina nuestra al restaurante cambiando la presentación, pero no estoy muy de acuerdo, porque el atractivo de un plato es el plato mismo. Yo no creo que haya que ponerle una ramita por aquí, un pétalo de rosa por allá. No creo eso.

    ¿Y las hallacas presentadas en otras formas: en rueditas, timbalitos?

    – Es una deformación absoluta.

    ¿La cocina es un arte?

    – La gente piensa que la coci na es arte y eso no es verdad, es una pretensión. Es un oficio que cuando lo quieres llamar arte es porque los oficiantes tienen un concepto muy bien establecido de la excelencia y la buscan, pero no quiere decir que sea arte. La comida es una cosa muy efímera. Claro que hay arte efímero: las instalaciones, pero hasta qué punto eso es arte en el sentido estricto…

    es posible que eso marque un momento en la historia del arte, como una referencia, pero no hay permanencia.

    Creo que es sobre valorar la cocina cuando se habla de arte.

    Arte para mí es una cosa muy sublime y no quiero decir que la cocina no pueda sublimarse, pero es basándose en ser exigente con uno mismo. Los artistas trascienden de otra manera, aunque sea un arte primitivo.

    En la cocina lo que trasciende es el nombre del cocinero, no su cocina”.

    ¿Con qué plato definiría la cocina venezolana?

    Con la hallaca. Por su sabor, su forma, nos representa muy bien. Nosotros somos así, no somos tan sencillos como se cree, somos mucho más complejos y la hallaca es compleja. Ese sabor y el perfume de la hallaca.

    Sabor dulce, salado, picante, fuerte, eso es venezolano y el aroma que produce corresponde a ese sabor.

    ¿La cocina de sus libros la podríamos considerar una cocina oligarca, para usar una palabra de moda?

    Creo que tiene mucho de eso, aún la más popular, pero no es exclusivo de la comida venezolana.

    Yo creo que en lo popular para llegar a la excelencia tienes que tener los medios para poder decir que no te gusta y volverlo a hacer, si no, no nos acercamos a la perfección.

    Finalmente, Don Armando, ¿Cuál es el secreto de nuestra cocina?

    El secreto de la cocina caraqueña es la armonía de sabores en sus platos.

    LA RECETA

    Crema de manzanaDel libro “Mi cocina, a la manera de Caracas”, Vol. II.

    (4 porciones)

    Ingredientes:

    • 2 cucharadas de mantequilla;
    • 1 de taza de cebolla, picadita; una cucharadita de sal;
    • 1/8 cucharadita de pimienta blanca, recién molida;
    • 2 manzanas grandes, peladas, sin el corazón y las semillas, en trocitos medianos, unas 4 tazas;
    • 1 cucharada de polvo curry;
    • 2 cucharadas de maicena;
    • 2 tazas de consomé de pollo o de carne;
    • 1 cucharadita de azúcar;
    • 1 de taza de crema gruesa, para batir;
    • 1 cucharadita de hierbabuena picadita, para adorno.

    Preparación:

    • (1) En una olla se pone la mantequilla a derretir. Se agregan la cebolla, la sal y la pimienta y se cocina hasta marchitar, unos 2 ó 3 minutos. Se agregan la manzana, el polvo curry y la maicena y se cocina, revolviendo, por unos 4 minutos.
    • (2) Se agregan el consomé y el azúcar, se lleva a un hervor y se cocina unos 2 ó 3 minutos.
    • (3) Se pasa el contenido de la olla al vaso de una trituradora y se tritura muy bien. En el momento de servirla se lleva a un hervor y se le agrega y se le revuelve la crema.
    • (4) Se sirve, caliente o helada, adornada con hierbabuena por encima.
     
    Comments Off on Armando Scannone

    Posted by on May 28, 2005 in Personajes de Esperanza Márquez

     

    Tags:

    A comer dulces

    El Mundo Sábado 15 de Marzo de 2003

    Vivir

    EN LA CRESTA DE LA OLLA

     
    ¡A comer dulces!

    Esperanza Márquez.

     

    Las Crestas anteriores han sido como muy técnicas, muy de cocina.

    Así que me puse a hacer mi ejercicio mental para dilucidar qué era lo que quería escribirles en esta columna, y me asaltó la angustia de tener la mente en blanco. No se me ocurría nada, aunque la cantidad de platos de la cocina venezolana, internacional y latinoamericana es infinita. Entonces caí en la cuenta de que esta amnesia pasajera se debía a todo lo que he estado sintiendo últimamente.

    La adicción

    Estamos adictos a la televisión y, sobre todo, a los canales de noticias. Sin embargo, al cabo de meses viendo y oyendo noticias y comentarios he comenzado a sentir una cantidad de modificaciones en mí que engloban tanto la parte física como psíquica y espiritual, porque cuando queremos hacer un balance de la situación nos atrapa la incertidumbre, que no es solamente como decía mi ídolo de siempre, Alfredo Sadel, en una de sus famosas canciones: “¡Ay! cómo es cruel la incertidumbre…”. No, la incertidumbre no es solamente cruel, es enfermante.

    Hasta cuándo

    Esta es la gran pregunta, hasta cuándo iremos a estar sometidos a esta especie de limbo en el que estamos sumergidos desde hace algunas semanas.

    A mí, por lo menos, me tiene a fuerza de inyecciones de vitamina B12 porque siento un cansancio inmenso, me dan unos ataques de frío y sueño que sólo se me calman si duermo 2 ó 3 horas a mitad de la tarde, cosa que nunca en mi vida había hecho.

    Seguramente es reiterativo decirlo, pero mientras tanto el país está paralizado, la gente cada vez come y compra menos, las fábricas cierran, el desempleo aumenta y las cantantes, como quien esto escribe, en lugar de estar cantando, hacen comida por encargo.

    Pero, por supuesto, no me quejo, y sólo le doy ¡gracias a Dios! por tener otro medio de subsistencia.

    Por todo lo antes expuesto, hoy decidí que lo mejor sería que nos endulzáramos la vida y compartiera con ustedes recetas de dulces, eso sí, bien criollitos y baratos, por razones obvias.

    Así que sin más habladera pasamos a las recetas de hoy que son sabrosas y fáciles: Dulce de batatas y Conserva de leche.

    Dulce de batata

    Ingredientes:

    ½ kilo de azúcar o papelón

    1 coco grande para hacer la leche de coco

    ½ kilo de batatas

    jengibre opcional

    Preparación:

    La batata se sancocha en suficiente agua, cuando esté blandita se saca y se tritura, se le pone la leche del coco y se cuela por un colador de alambre, se le agrega el azúcar o el papelón y un pedacito de raíz de jengibre; se monta al fuego y al hervir se comienza a mover con cuchara de madera hasta que se seque y se vea el fondo de la paila. Hay que tener cuidado porque se pega muy fácilmente. Lo pone en una dulcera, espera que se enfríe y lo mete en la nevera.

    Leche de coco

    Se parte el coco y la pulpa se corta en pedacitos.

    En una licuadora se pone la pulpa cortada con agua caliente y se tritura finito. Luego se cuela con colador de alambre, apretando con las manos. Si queda algo de sólido se vuelve a colar.

    Conservas de leche

     

    Ingredientes:

    1 litro de leche

    1/ kilo de azúcar

    1 cucharadita de esencia de vainilla

    Preparación:

    Se montan la leche y el azúcar en una paila u olla, se le agrega la esencia de vainilla; se mueve constantemente con paleta de madera hasta que se vea el fondo de la paila. Se baja del fuego y se comienza a batir bien, a mano o con batidora.

    Va a llegar al punto de conserva que es cuando se parte con un cuchillo y éste no se ensucia, aquí se pone en una tabla de madera o en una bandeja y se cortan las conservitas del tamaño que las desee. Las pone a airear para que se sequen bien.

    ¡Buen provecho! Y hasta la próxima.

     

    Tags: , , ,

    Isaac Chocron, escribir el como cocinar

    El Mundo Sábado 15 de Marzo de 2003

    Primera Página

    GASTRONOMÍA
    Chocrón: escribir es como cocinar

    DOUGLAS BLANCO

    El dramaturgo venezolano (MaracayVenezuela25 de septiembre de 1930 – Caracas, Venezuela, 6 de noviembre de 2011) se declara un hombre con suerte, porque siempre ha tenido a alguien que le cocine, como Sara, e inclusive todos sus amigos tienen el don culinario. Compara a la escritura con la cocina, porque en ambos hay que balancear los ingredientes y tener el punto justo

     

    El Mundo Sábado 15 de Marzo de 2003

    Vivir

    EL PERSONAJE Y SU RECETA
    Isaac Chocrón

    DRAMATURGO Novelista, dramaturgo y director de teatro, además de investigador, gerente cultural y profesor universitario por más de 20 años. Ha producido una gran cantidad de obras de altísima calidad que forman parte de nuestro acervo cultural. Doctor Honoris Causa otorgado por la UCV

    Esperanza Márquez

    DOUGLAS BLANCO

    Isaac Chocrón nos recibe en su casa con su eterna y desplegada sonrisa, con su personalidad repleta de humor, inteligencia, talento y aderezada con ese aire de lord inglés. Además, con el orgullo que le producen su mata de café, que en esta cosecha lo consintió con cuatro kilos de granos que fueron secados, tostados, molidos, colados bebidos por su familia escogida, que son sus amigos; su mata de granadas; su cultivo de orquídeas y Sara, esa menuda mujer que lo sirve desde hace 36 años, que cuida que salga bien en las fotos, que le cocina y que, según Chocrón, le lleva la contraria todo el día, pero que ya forma parte de su familia.

    Comenzamos nuestra conversación sobre el tema gastronómico.

    “Yo vengo de una familia judía sefardita y para los judíos la comida es muy importante, porque la mesa es la que mantiene unida a la familia y todas las fiestas judías empiezan y terminan en una mesa.

     

    El Yom Kippur, que es el día del ayuno, el día que empieza es con una cena a las 4 de la tarde para poder estar a las 6 en la sinagoga, y al día siguiente, cuando termina, se vienen de la sinagoga para la casa a cenar. Ahora, el 17 de abril está la fiesta de Pesaj que es la que conmemora la salida de los judíos de Egipto y son dos noches en que también se come. Yo siempre digo como en broma que en la religión judía la mujer es la que manda porque es la que manda en la mesa, y yo creo que el secreto de la supervivencia del judío se basa en comer juntos”.

    Recuerdos

    De nuestra encantadora conversación con Isaac Chocrón se desprende que para un judío la comida siempre ha sido muy importante.

    Nuestro personaje recuerda: “Tuve la suerte de tener un papá por el que nunca se sabía cuántos amigos venían a comer a la casa, y decíamos que, más que una casa, teníamos un club, especialmente los viernes después de la sinagoga. Mi papá fue un hombre de buena posición económica y le encantaba hacer fiestas y comer”.

    Una de las comidas que le trae recuerdos de su infancia es la Adafina, que la comienzan a cocinar el viernes porque en el Sabat no se puede prender fuego.

    “Es como una cosa caldosa que lleva pecho, garbanzos, huevo duro, papas, es muy marroquí y me recuerda a mi infancia. Se cocina toda la noche y cuando vienen de la sinagoga, el sábado al mediodía, comen eso y yo pienso que el que no se muera después de comerlo es que tiene muy buena salud”.

    Hombre con suerte

    Isaac Chocrón se declara un hombre con suerte en la cuestión culinaria porque siempre ha tenido alguien que le cocine, además de que todos sus amigos cocinan muy bien, y recuerda una anécdota.

    “José Ignacio Cabrujas era un excelente cocinero y un apasionado, y una vez cuando vino Manuel Puig me dijo que venía para mi casa a hacerle una pasta. Vino desde las 10 de la mañana y la comida era para la noche, preparó las salsas, pero fue tal lo que hizo que al día siguiente cuando Sara y yo vimos la cocina, tuvimos que llamar a un pintor para que la pintara porque estaba todo chisporroteado por todos lados.

    Román Chalbaud también cocina, yo creo que el único inútil soy yo”.

    Como en otros tiempos

    Nuestro personaje recuerda cómo en otra época en las casas había muchas criadas: la cocinera, la lavandera y la que planchaba. Y la cocinera llegaba a tener dos mujeres que la ayudaban.

    “Esas personas que cocinaban y trabajaban en mi casa se quedaban años y años. Antes era otra cosa, los criados eran como familia. Sara es mi familia. Por ejemplo, María, que cocinó mil años en casa de papá y tiene como 80 años, viene todos los meses a pasar el día con Sara. Ella es una de mis becarias”.

    Sara delgadillo

    Indudablemente, Sara es un personaje en la obra real de la vida de Isaac Chocrón.

    “Sara, durante 20 años, fue la taquillera del Alberto de Paz y Mateo.

    En el 83, cuando cerramos el Nuevo Grupo, comenzó a trabajar conmigo todo el tiempo. Con tantos años sabe cómo es mi ritmo, cómo son mis hábitos. Nuestra relación está hecha en pelear todo el tiempo, porque desde que amanezco hasta que me duermo me lleva la contraria en todo, le encanta dar órdenes porque ella es la mujer maravilla, nació perfecta, si te duele algo te manda medicamentos naturales que están aquí en las terrazas; si tienes un problema con tu marido o tu novio, ella es abogado; en tu casa ella es arquitecto. Es una maravilla, pero es un poquito agobiante”.

    Escribir y cocinar

    De una manera tajante, con su sempiterna sonrisa, Isaac Chocrón nos dice que no cocina porque escribe, pero que escribir y cocinar tienen sus semejanzas.

    “Escribir es lo mismo que cocinar porque uno tiene que balancear los ingredientes de modo que resulte equilibrado. Uno tiene que tener el punto justo. En cocinar, una vez que se hace algo, hay que dejarlo reposar.

    Lo mismo pasa con escribir, porque escribir no es escribir sino corregir.

    Yo escribo, lo guardo, lo vuelvo a ver a los dos o tres días, lo vuelvo a corregir. Hay días que lo dejo reposar.

    Ambos son un placer angustioso, porque uno lo hace porque es lo que más le gusta hacer, pero es una angustia porque uno quiere que salga bien. Tienes jurado: el que come y el que lee. Yo escribo para los demás, y el que cocina también lo hace para los otros. Yo escribo para los demás porque es una manera de dar y recibir amor, y cocinar es igual, porque aparte del amor físico, del amor carnal, el gran placer de la civilización, de un hombre civilizado, es la cocina y la lectura”.

    Pronombres personales

    No podíamos dejar de conversar sobre su última obra, Pronombres personales, que está inspirada en el horror y el terror de la tragedia de Vargas.

    “Pero ese horror y terror estuvo seguido de una absoluta indiferencia y eso fue lo horrible. Además, ese horror y terror de la naturaleza no lo hizo la naturaleza, sino los que embaularon las quebradas, esos fueron los verdaderos criminales”.

    Pronombres personales fue publicada a manera de folletín en el diario El Nacional, resultó un éxito en la Internet, luego fue impresa una edición de bolsillo y acaba de salir el libro para que la gente lo atesore en sus bibliotecas.

    Llamando a Sara para que nos diera la receta, nos despedimos de Isaac Chocrón, que piensa que el propósito de vivir no es hacer cosas para que lo recuerden, sino vivir.

    “Uno debe vivir viviendo y no pensando que ojalá me recuerden, especialmente si uno ha sido un personaje público. Yo creo que mi responsabilidad cívica la he cumplido, pero creo que ahora en mi quinto acto lo único que me interesa es escribir, y en las tardes, como dicen las señoras, yo hago diligencias, y me encanta esa palabra porque a nadie se le ocurre preguntarte cuáles diligencias. Eso no se pregunta”.

    LA RECETA

    Almoronía

    Se cocina el pollo como para sopa con aliños: cebolla, cebollín, cilantro, pimentones, ají dulce. Se saca el pollo y se mecha. Se agarra la berenjena y se pica en rodajas (1 kilo), se pasan por harina y se sofríen. Se pica cebolla, bastante cebolla (4 grandes) y se sofríen hasta que queden doraditas. En un pyrex se pone una capa de pollo y una de berenjena, una de cebolla y se rocía con miel, se le pone otra de berenjena, otra de pollo y al final una de cebolla que quede tapadita de cebolla, se le pone miel y una o dos tazas del consomé y se mete al horno hasta que se seque y queda como un pasticho.

    Generalmente, primero se sirve el consomé del pollo y luego la Almoronía.

    Se come en la cena después del ayuno del Yom Kippur y se rompe el ayuno con ese plato.

    Una de sus últimas entrevistas en la radio para Los Imposibles:

    Los 100 Imposibles están en Onda
    Por: ondalasuperestacion.com

    En homenaje a nuestro Isaac Chocrón, en la celebración de las 100 entrevistas de Los Imposibles, con Leonardo Padrón

     

    Postal:

    “No sé si lo escuché en una entrevista o si lo leí en una de sus obras, pero Isaac Chocrón (Maracay, 1933 – Caracas, 2011) dejó deslizar en nuestros oídos una idea de honestísima belleza: “Siempre tenemos dos familias, con la que se nace y la que se hace, aquella que elegimos, la familia elegida”. Y decimos, Isaac Chocrón no ha dejado de elegir en la vida.

    Eligió el teatro, quizás porque como diría Oscar Wilde, “es inmensamente más real que la vida”, eligió su propia manera de ejercer el amor. Eligió renunciar a una carrera académica para casarse con su propia imaginación; eligió la escritura como oxígeno de sus pulmones, pero sobre todo, eligió no traicionarse jamás. Desde entonces, desde ese Isaac Chocrón no ha dejado de provocarnos y atraparnos con sus más de 20 obras de teatro, sus 7 novelas y sus 5 libros de ensayo.

    Podríamos hablar también de esa forma en que se ha relacionado con el país, siendo director de La Compañía Nacional de Teatro, del Teresa Carreño y de La Escuela de Artes en la UCV. Pero la huella de su talento trasciende las notas de un curriculum. Quizás su mejor obra es su manera de estar en el mundo, el énfasis de su corazón, esa implacable sonrisa que desconcierta a cualquier mala noticia o cualquier invierno fuera de fecha. Alguna vez Mario Vargas Llosa dijo que toda novela es un testimonio cifrado, una representación del mundo, pero de un mundo al que el novelista añadido algo: su resentimiento, su nostalgia, su crítica. Creemos que en el caso de Isaac Chocrón, él no dejó nada guardado, él eligió añadir su vida entera, todo el pulso de su sangre, toda la temperatura de sus pasiones.

    Por eso, hoy nos acercamos al universo de uno de los escritores más entrañables de este país. Alguien imposible de no entrevistar y no celebrar”.

    Leonardo Padrón, 2007.

    Para escuchar parte de la entrevista que le realizara Leonardo Padron en:

    http://www.unionradio.net/ondalas-perestacion/Actualidad/visorNota.aspx?id=8179&tpcont=0

     

     

     

    Tags: , ,